
Desde el desarrollo de las resinas modernas de Bisfenol-A-Glicidil Metacrilato (Bis-GMA) por el Dr. Ray. L. Bowen en 1962, que la Odontología no había sufrido un cambio tan marcado y profundo con la invención de los Implantes Dentales.
Fue en esa misma época que el Profesor Per-Ingvar Branemark llevó a cabo experimentos para estudiar la respuesta de la médula ósea ante diferentes procedimientos clínicos inducidos en el hueso de modo traumático estudiando sobre la segregación de los vasos sanguíneos en el proceso reparativo del callo óseo.
Para ello construyeron una cámara metálica de Titanio, para estudiar al hueso con un microscopio de luz en vivo.
Los primeros estudios se centraron en las relaciones funcionales entre la médula ósea y los tejidos óseos durante la regeneración de los defectos. La sorpresa de los investigadores fue cuando quisieron quitar la cámara metálica de la tibia del animal que servía para el estudio. El tejido óseo se había adherido fuertemente al Titanio y se había descubierto la Oseointegración.
Con posterioridad a esta observación, Branemark y colaboradores llevaron a cabo una serie de experimentos en 1965 que culminaron con el diseño y una técnica quirúrgica para la fijación de implantes de Titanio con forma de tornillo.
En la Odontología moderna, el uso de Implantes Intraorales para la fijación de prótesis dentales y anclajes para tratamientos de Ortodoncia es muy común, llegando a utilizarse Implantes Extraorales para la retención de prótesis Buco Máxilo Faciales como son las Oculares, Nasales y Auriculares.





















